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sábado, 5 de marzo de 2011

Los últimos diseños de Galliano para Dior


El sol era lo único que ha brillado hoy en los jardines del Museo Rodin de París. El ambiente antes del desfile de Dior era sombrío. La casa de costura francesa presentaba por primera vez desde 1997 una colección sin John Galliano, su director creativo hasta el pasado martes. Con la invitación en alto, los asistentes debían superar hasta tres controles de seguridad. Curiosos, policías y cámaras se agolpaban en la entrada. No hubo altercados, pero sí muchos nervios.
    El diseñador, que niega las acusaciones, ha iniciado procesos por difamación
    Dentro del museo, una única conversación reverberaba de asiento en asiento. Es difícil hablar de otra cosa estos días en París; en la larga carpa resultaba imposible. Una tenue luz azulada abrigaba la pasarela, presidida por una recreación de los salones de la firma en Avenue Montaigne, realizada en plástico transparente y rematada por grandes arañas de cristal. A medio camino entre la escultura de hielo -tal vez, apropiado para enfriar los ánimos- y la iconografía de David Lynch.
    Las notas del desfile anticipaban la intención de la compañía de alejar el trabajo que estaba a punto de exhibirse de la sombra de su creador. Más escuetas de lo habitual, omitían por completo el nombre de Galliano. El protagonismo se quiso trasladar a su equipo y a las costureras. Los trabajadores anónimos que sustentan una industria de sueños, fantasías y egos.
    La ausencia de Galliano
    Fueron ellos los que cubrieron el difícil hueco que la ausencia de Galliano iba a dejar al final del desfile. En una imagen cargada de simbolismo, donde solía estar un tipo excéntrico con teatrales disfraces, se han visto 40 hombres y mujeres ataviados con batas blancas. Cayó el rostro, pero quedaron las manos. El público, en pie, aplaudió a rabiar. La hija de Bernard Arnault, Delphine, dejó escapar alguna lágrima. Su padre, propietario de la compañía y del mayor grupo de lujo del mundo, no acudió al desfile. La marca asegura que su ausencia no guarda relación con los últimos acontecimientos y se debe a un compromiso anterior.
    El momento más duro de la escenificación del divorcio entre Dior y John Galliano estuvo en las palabras de Sidney Toledano, presidente de la empresa. Antes que ninguna modelo, fue él quien se subió a la pasarela. Con traje y corbata y negros, habló de las circunstancias del despido de Galliano. Sin pronunciar su nombre. "El genio y el legado de Christian Dior han contribuido a realzar la imagen y la cultura de Francia durante más de 60 años. Ha sido muy doloroso verlo asociado a las desgraciadas afirmaciones que se atribuyen a su diseñador, por muy brillante que este sea", afirmó. "Son intolerables por nuestro deber colectivo de no olvidar nunca el Holocausto y sus víctimas y por el respeto a la dignidad humana".
    Las acusaciones contra Galliano por proferir insultos antisemitas parten de la noche del jueves 24 de febrero, tras un altercado en un bar de Le Marais. A la mañana siguiente, el diseñador fue suspendido temporalmente de sus funciones. Otra demanda por el mismo motivo fue interpuesta durante el fin de semana. El lunes se difundió por Internet un vídeo explosivo en el que se le veía afirmar "amo a Hitler" en evidente estado de embriaguez. Dior anunció el martes su intención de despedirlo y Galliano emitió un comunicado en el que pedía disculpas "sin reservas"" por su comportamiento y explicaba que "iba a pedir ayuda". Se especula con que ha podido ingresar ya en una clínica fuera de Francia. El diseñador, que niega las acusaciones, ha iniciado procesos por difamación. En todo caso, deberá enfrentarse a un juicio esta primavera. Si es hallado culpable podría ser condenado a seis meses de cárcel y una multa de hasta 25.000 euros.
    Los valores de la casa
    Tras recordar los valores que la casa aportó a una sociedad golpeada por la II Guerra Mundial con su nacimiento (en 1947), Toledano devolvió el foco a los trabajadores. "El corazón de Dior lo forman sus artesanos y costureras, les petites mains, que trabajan duro, sin contar las horas, y transmiten los valores y la visión de Mr. Dior. Lo que hoy van a ver es el resultado de su extraordinario, creativo y maravilloso esfuerzo".
    Que Christian Dior es una entidad capaz de sobrevivir a un hombre está claro desde 1957, cuando su creador murió de un ataque de corazón. Le reemplazó brevemente su ayudante, Yves Saint Laurent, y durante casi tres décadas, Marc Bohan. Gianfranco Ferré ocupó la plaza desde 1989 y hasta la llegada de Galliano. Por eso no fue inaudito para la audiencia pasar página y enfrentarse a la nueva era de la casa. De alguna forma, se ha iniciado hoy cuando la modelo Karlie Kloss se delizó sobre la pasarela y la devolvió a su terreno habitual. El de la ropa y no en el de los discursos.
    Inspirada por los poetas románticos británicos, la colección continuó con la senda inofensiva y comercial de las últimas colecciones de prêt-à-porter de la firma. Pero, en tan amargo contexto, casi se agradecía su levedad. Las capas y lanas tenían una cualidad terrosa a la que aferrarse y la secuencia final de vestidos de tul, muselina y organza parecía llamada a ser el algodón que sanara las heridas. Con más emoción que drama, se cerró una era. Aquella en la que Francia entregó las llaves de sus más venerables mansiones a una generación de rebeldes.

    El 'führer' destronado

    Si alguien encarna la quintaesencia de la hoguera de las vanidades que proyecta el mundo de la moda, ese es John Galliano. O era. Porque de la noche al día, el idolatrado rey del lujo ostentoso y extravagante ha sido destronado. Sus nauseabundos delirios etílicos le han costado muy caros. Dior le ha arrebatado los ropajes que durante 15 años hicieron de él uno de los emperadores de la estética. Se ha quedado desnudo. Y solo, muy solo.


    Juan Carlos Galliano nació en Gibraltar hace 50 años. Hijo de un británico y de una española, su historia es el paradigma del reino de las apariencias en que vivimos, donde el mundo real y el virtual se confunden peligrosamente. Donde la obsesión por la imagen puede conducir al abismo.

    Alumno de la prestigiosa Saint Martin's School de Londres, supo dar sentido del espectáculo y de la provocación al servicio de la moda y de sus intereses comerciales. La combinación perfecta. Su talento no pasó inadvertido a Bernard Arnault, propietario del mayor grupo de lujo del mundo, LVMH. Primero le fichó, en 1995, como director creativo de Givenchy para escándalo de quienes le veían como «un punk decidido a torpedear la imagen de la venerable casa», según el propio Galliano. Un año más tarde le puso al frente de Dior. Con 36 años, tenía carta blanca para sacar a la marca del letargo. ¡Y vaya si lo logró!

    Apariciones teatrales

    Todo lo que tocaba se convertía en oro. Mientras sus excesos cosechaban portadas, Arnault se lo permitió todo. Sus teatrales apariciones al final de los desfiles, sus caprichos, su endiosamiento... Le defendió incluso cuando, en el 2000, la polémica rodeó la colección Clochard, inspirada en los harapos de los vagabundos que se cruzaba el diseñador en los muelles del Sena durante sus sesiones de footing. La obscenidad de la propuesta fue duramente cuestionada. ¿La moda no tiene límites? «No hago nunca la provocación por la provocación. Provoco para suscitar una emoción o, a veces, un debate», se justificó.

    En su caso, la provocación se convirtió en un estilo de vida. Hasta que perdió el control de su personaje. Solo así se lo explican sus colaboradores, que aseguran que nunca le habían oído comentarios racistas. Le definen como alguien tolerante y de trato respetuoso, a diferencia de otros grandes egos del mundillo. Llama la atención que tras la sensibilidad del genio que se inspira en la historia y en las diferentes culturas -una de sus pasiones son los viajes exóticos- se oculte el sombrío rostro de un admirador de Hitler. Aunque sea bajo los efectos del alcohol.

    Cual doctor Jeckyll y míster Hyde, Galliano alternaba el culto al cuerpo con la destrucción del mismo. Obsesionado por su imagen, se sometía a intensas sesiones de musculación y dietas draconianas, y abusaba del bótox. Su mundo era la fiesta y la fantasía, incompatible con el acelerado ritmo de trabajo que exige la pasarela. Cada año presentaba dos colecciones de prêt-à-porter femenino y dos de alta costura para Dior. Con su propia marca, el 85% de la cual pertenece a la casa de moda, creaba dos desfiles femeninos y dos masculinos, y varias microcolecciones. Un programa con grandes resultados para Dior; facturó 826 millones y las ventas de la firma crecieron un 15% en el 2010, en gran parte gracias al mercado asiático.

    La muerte de su compañero

    Pero hay lujos que ni Galliano puede permitirse, como llamar «jodido bastardo asiático» a un ciudadano en la terraza de un café de París. Sus exabruptos, que le pueden costar tres meses de cárcel, arruinan cualquier campaña de publicidad. Si además se apoya en el rostro de una actriz de origen judío como Natalie Portman (imagen de un perfume de Dior), la cosa se complica. Máxime cuando la intérprete se declara «asqueada» por el vídeo que ha dado la vuelta a internet con un Galliano borracho metiéndose con sus vecinos de mesa: «Adoro a Hitler [...] Deberíais estar muertos y vuestros padres, gaseados». Demoledor.

    La adicción del modisto se agravó tras la muerte en el 2007 de su compañero y mano derecha, Steven Robinson, probablemente por una sobredosis de medicamentos. Los suicidios de la estilista Isabella Blow y del modisto británico Alexander McQueen le sumieron en una depresión. Se refugió en la bebida; siempre solo, en el café La Perle. En las últimas semanas, a las puertas de la pasarela de París, apenas iba al taller. El temblor de las manos le delataba.

    Muy a su pesar, Arnault ha debido desprenderse de él. Ya tuvo bastante en otoño con el boicot que sufrió otra firma del grupo, Guerlain, por un comentario del antiguo dueño de los perfumes juzgado de racista. «Por una vez, me puse a trabajar como un negro. No sé si los negros han trabajado tanto...», dijo el octogenario Jean-Paul Guerlain.

    El pope Karl Lagerfeld le abronca por ensuciar la imagen de la moda y los que aplaudían su desmesura y su estilo excéntrico apuestan ahora por abrir una nueva era, más adaptada a los tiempos de rigor que corren.

    En una de sus apariciones, Galliano cerró un desfile vestido de Napoleón. Como el emperador, tocó la gloria y la perdió.

    jueves, 3 de marzo de 2011

    John Galliano pide disculpas por su comportamiento

    El diseñador, despedido por Christian Dior, pide perdón "sin reservas si ha ofendido a alguien"
    El diseñador británico John Galliano, despedido por la casa de moda Christian Dior, ha pedido disculpas por unas supuestas declaraciones antisemitas que le atribuyó el tabloide británico 'The Sun', en las que proclamaba su amor por Hitler. En un comunicado emitido por sus abogados en Londres, el modisto de origen gibraltareño asegura que "el racismo y la conducta antisemita no tienen cabida en nuestra sociedad" y se disculpa "sin reservas" por su comportamiento "si ha ofendido a alguien".
    La prestigiosa firma francesa decidió prescindir de los servicios de Galliano después de que este, en estado de embriaguez, presuntamente profiriera insultos antisemitas e intentara agredir a una pareja de clientes que se encontraban en un local parisino. "Desde que sucedieron los hechos el pasado jueves, no he sido capaz de hacer ninguna declaración pública, siguiendo el consejo de mi abogado francés. No obstante, ante la pasividad de la fiscalía francesa, me veo obligado a expresarme", ha explicado el diseñador en dicho comunicado.
    En la nota, publicada por sus representantes legales Harbottle & Lewis, Galliano, que hasta hoy había guardado silencio, "niega completamente" las acusaciones contra él y asegura que está "colaborando con la investigación policial". El diseñador británico, que pide "disculpas sin reservas", alega también que fue provocado: "Varios testigos independientes han indicado ante la policía que fui sometido a acoso verbal y me provocaron, y que un individuo intentó golpearme con una silla. He presentado denuncia por esa agresión".
    Búsqueda de comprensión y compasión
    No obstante, el ya exdirector artístico de Dior reconoce que pese a ello, acepta que las acusaciones contra él "han disgustado y escandalizado a la gente". "Debo asumir responsabilidades por las circunstancias en las que me encontré y por permitir que se me viera comportándome de la peor forma posible", ha declarado. Galliano apunta que tan solo puede culparse a sí mismo por lo ocurrido y que ahora "debe trabajar duro para ganar la comprensión y compasión de la gente" para lo que está "buscando ayuda".
    "Durante toda mi vida, he luchado contra el prejuicio, la intolerancia y la discriminación, habiendo sido objeto yo mismo de ello. En todo mi trabajo, mi inspiración ha sido unir a la gente de todas las razas, credo, religión y sexualidad celebrando su diversidad cultural y étnica a través de la moda", ha afirmado. Christian Dior anunció este martes que había iniciado los trámites para despedir al modisto, tras la difusión de un vídeo en el que, en evidente estado de embriaguez, aseguraba que amaba a Hitler, en una imágenes grabadas en un bar parisino.
    La empresa, propiedad del grupo LVMH, para la que Galliano trabaja como director artístico desde 1996, ha tomado esa decisión después de que trascendiera ese vídeo a los medios de comunicación en el que insultaba a los clientes de un bar. La grabación llegó a la prensa días después de que otros clientes de ese mismo bar hubieran denunciado al modisto por un presunto intento de agresión y por pronunciar supuestos insultos antisemitas.