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miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Por qué vivimos cerca del peligro?

Los fértiles suelos volcánicos y las exuberantes orillas del Pacífico atraen a los humanos pese al riesgo
Alfred Lothar Wegener, geofísico y meteorólogo alemán, murió congelado durante una expedición científica a Groenlandia en 1930, respetado por unos y denostado por otros. Persona de amplios intereses, había hallado indicios geográficos, geológicos, paleontológicos y paleoclimáticos de un fenómeno sorprendente: los continentes se separaban unos de otros como si navegasen por los océanos. En 1912 había formulado la teoría de la deriva continental, según la que los distintos continentes actuales derivan de una única masa, que llamó Pangea, fracturada en un remoto momento dado. Por eso encajan entre sí como las piezas de un rompecabezas (recorten un mapamundi y compruébenlo). Buena parte de la comunidad científica encontró descabellada esa teoría.

Medio siglo más tarde, en los años 60 del siglo XX, los descubrimientos sectoriales de varios geólogos, geofísicos y sismólogos se acoplaron en la nueva y revolucionaria teoría de la tectónica de placas, según la que la capa más superficial de la Tierra, la litosfera, está formada por un conjunto de piezas o placas que se empujan entre sí mientras se deslizan sobre otra capa inferior más estable, llamada astenosfera, como lo haría una alfombra sobre el suelo en el que se apoya. La acumulación de evidencias ha convertido la teoría de placas en un hecho científicamente indiscutible, avalador de las ideas de Wegener. Las placas van ajustándose entre ellas a codazos, en tanto que los continentes van separándose a una velocidad de 2,5 centímetros cada año